REBELIÓN EN MÍ
No me defienden y yo quisiera que sí. Quisiera que, como casi siempre, hagan su trabajo. Que velen por mi seguridad, que eviten que me ataquen otros, en lugar de atacarme ellos. Quisiera no tener que recurrir a la fuerza externa para reducirlos. Quisiera no tener que matarlos un poquito para que así ellos no me maten un poquito a mí.
La rebelión empezó cuando la seda llegaba de lo lejos. Ella invadió un país detrás de otro, y siguió invadiendo y marcando para siempre, hasta hoy, el camino de la ruta que llegaba de las Indias. Y como un desgraciado sorteo del cual es difícil que salgas premiado, fue señalando y marcando algunas pocas vidas de por vida. Señaló, aunque no muchos se enteraron.
No conforme también viajó en el tiempo. Yo tenía 21 años cuando no la conocía y se me presentó. El síndrome de Behçet, también conocido como la enfermedad de la Ruta de la Seda, me señaló con su dedo sorteador. Mis defensas, las que guardan las murallas de mi cuerpo para que ningún intruso intente hacerme daño, dejaron de mirar hacia afuera para disparar hacia dentro. Pasaron de ayudar y atacaron como si yo fuese su enemigo. Y así hacen cada cierto tiempo. Ni los médicos, ni nadie, saben por qué.
Para la lucha conmigo mismo he encontrado pronto el arma que reduce a mis defensores atacantes, y así sólo he tenido que pasar dos grandes batallas en los últimos años, pero ninguna guerra se parece a otra. Otros amigos más fuertes que yo siempre están en batalla a la espera de pequeñas treguas que les dejen vivir como lo haces tú.
Pero la del Behçet, como otras tantas guerras de otras miles de enfermedades de esas que algunos llaman raras cuando quieren decir que son poco frecuentes, no es fácil. Las empresas que investigan soluciones a las enfermedades no quieren curar, quieren llenarse el bolsillo. Da igual que sólo en España seamos 3 millones de afectados directamente por más de 2000 enfermedades distintas. Y hay que entenderlo, el dinero manda en un sistema en el que siempre habrá pies pisando pies. Mientras, nosotros haremos caer bombas sobre conciencias, que son baratas y más rápidas en hacer efecto. Como ésta.
MG.
3 comentarios:
Yo también pertenezco al grupo de personas que son atacadas por sus propias ¿defensas?. Pero como ocurre cuando el invasor ataca de noche y sin avisar para causar más efecto devastador, el Behçet ataca sin previo aviso, no se le ve venir. Te puede pillar trabajando, estudiando, cuidando a tus hijos, de viaje, en fin, viviendo. Y tu vida sigue, pero es "menos" vida. Vives esperando que llegue un momento de tregua. Valoras más la vida sin dolor. El poder, el dinero, pasan a otro puesto en tu orden de valores.
Y, como dice mi amigo Javier Marco, la gran industria farmacéutica no mueve un dedo cuando no ven amortizado su esfuerzo investigador. Consumimos medicamentos "huérfanos", son creados para otras enfermedades "mayoritarias", pero que a nosotros nos ayudan. Así me siento yo, huérfana en una sociedad en la que, a los que tenemos una enfermedad rara nos abandona, nos deshereda.
Por desgracia, las bombas sobre las conciencias, raras veces causan efecto, pero seguiremos intentándolo.
Muchísimas gracias por tu aportación, amiga Esther. Yo no padezco ninguna enfermedad rara (soy muy afortunado), pero desde este rinconcito de internet pongo mi granito de arena que es la ayuda que puedo ofrecer.
Saludos.
Manuel Gilabert.
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