
La jornada comenzó a las 5 de la mañana con una orquesta de despertadores que solo desentonaron en el caso de Lolo, permitiéndole dormir esa escasa horilla de más que siempre viene bien. Una vez todos reunidos partimos rumbo a las Casitas del Señor, donde una vez aparcados los vehículos cargamos las mochilas a nuestras espaldas y nos dirigimos a recoger nuestros dorsales.

La prueba no se anda con tonterías y en apenas cien metros ya se empieza a subir sierra. Los caminantes que parten en primer lugar empiezan a formar ese cuerpo multicolor de una fila que serpenteará por la sierra marcando el camino a seguir al resto de participantes. A priori la prueba esta calificada con una “dificultad alta”, y a pesar de que al principio, cargados todos de fuerza, se piense que no va a ser tan durita la cosa, pronto se encargará lo escarpado del terreno de demostrarte lo contrario. Se subió el primer repecho de unos 900 metros de altitud con relativa facilidad, y se comenzó a bajar lo ascendido, en el ultimo tramo de ese descenso, donde se cortaría con los atletas que corrían la prueba, y tras dar los pertinentes ánimos a los corredores se procedió a encarar la que sería la peor de las pendientes en la prueba con diferencia, cuando menos bajo mi novata perspectiva. Subimos una pendiente que podría andar perfectamente en los 70º de inclinación, sobre todo en su tramo final, donde lo escarpado del terreno, unido a las piedras sueltas que conformaban su superficie de ascenso, sueltas la mayoría por el paso de todos los participantes, dificultaban muchísimo un ascenso seguro del mismo. Pero bueno, supongo que en esos momentos cualquier participante solo piensa en alcanzar esa cima que le de la tranquilidad de haber pasado el peor de los tramos. Ya a partir de aquí se recorrió la cima y se volvió a descender para hacer un tramo relativamente llano y rematar la prueba con un ascenso continuó y una bajada más pronunciada que se vería dificultada por la aparición de la lluvia.

Bajo mi punto de vista la prueba deja un mejor sabor de boca de lo esperado, debido a que al final para los novatos, como era mi caso, se convierte en una lucha fraticida entre el terminar la prueba y el abandono de la misma, pensamiento este que debo reconocer se produjo en varias ocasiones en mi mente al ver los puestos de control y no por falta de ganas sino por los pinchazos en mi rodilla izquierda y el casi insoportable dolor en mis dedos por no llevar un calzado adecuado. Pero es innegable que una vez estirado el pelotón de caminantes y corredores, y llegado ese punto donde se supera el cansancio y casi el dolor y se anda por inercia, se empieza a disfrutar de la tranquilidad y los parajes que tan solo la montaña puede ofrecer, y si, como es el caso, acompaña una calma lluviosa más que mejor. Aquella conjunción de elementos y la continua compañía de Lolo, no dejándome atrás en ningún momento ni permitiendo que me descolgara y velando continuamente por mi seguridad, fue en realidad lo que me hizo seguir adelante hasta el final. Lo único que uno acaba odiando de verdad son las piedras, si bien es cierto que aquella zona está llena de canteras y que de la montaña no se puede esperar mucho más lógicamente, pues al final del recorrido total solo un 4% está exento de pedruscos de un tamaño considerable y zarzas.

Como conclusiones finales yo saqué en claro que las mochilas que te venden como impermeables no lo son tanto, y que es importantísimo el llevar un calzado apropiado (del que yo llevaba no me sobraba nada en la puntera, y llevar el pie tan prieto, y los dedos hinchados por el esfuerzo hizo que me sangrasen algunos dedos, de eso me di cuenta cuando llegué a casa, me saqué los zapatos y vi los calcetines). Es importante el preparar medianamente este tipo de pruebas tan exigentes tiempo antes para acostumbrar las piernas al esfuerzo que les espera. Pero os puedo asegurar que no cambio ninguno de los sufrimientos de ayer por ese momento donde bajo una lluvia de cántaro que arreciaba, entre hombro con hombro con Lolo cantando el Himno de Alfa Lucho Force y fuimos recibidos por el General tras una línea de meta que ya habían desmontado y todo.
Si tenéis que hacerla o no, eso ya depende de cada uno, pero os aseguro que merece la pena.
Roberto Espuig.
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