miércoles, 4 de febrero de 2009

LA ISLA DE TABARCA


La "Nueva Tabarka", la Isla Plana, Planesia o también llamada Isla de San Pablo.

Cuando hablamos de Tabarca en este nuestro mundillo del remo, la asociamos de inmediato a la Travesía con la que abrimos nuestro campeonato todos los años, pero es innegable que esta pequeña isla de apenas 1,8 kilómetros de largo por 400 metros de ancho es una gran desconocida y merece que hablemos un poquito de ella cuando menos para acercar a aquellas personas ávidas de aprender alguna curiosidad que otra de esta pequeña isla tan cercana y a la par tan desconocida.

A nivel Geológico, Tabarca es en realidad un archipiélago conformado por la isla de Tabarca, y los islotes de La Galera, La Cantera y La Nao. El pequeño pueblo de Tabarca se encuentra en la isla, y la piedra de construcción de la que se abastece es de la isla de La Cantera que está conformada por arenisca; el resto de la isla es de naturaleza volcánica. A parte, La reserva marina de Tabarca fue la primera reserva marina declarada de España en el año 1986, y además está declara como zona ZEPA (Zona de Especial Protección para Aves) debido a la abundancia de especies de aves que acuden a esta isla.


A nivel histórico, la isla que hoy conocemos tiene su origen en el siglo XVIII, y el nombre le viene de la isla Tabarqah, en el extremo noroeste de Túnez. En 1741, el rey de Túnez invadió aquella isla e hizo prisioneros a sus habitantes, de origen genovés, que poco después pasaron a ser esclavos del Sultán de Argel hasta que, en 1768 fueron liberados con el pago de un rescate que aportó el rey español Carlos III. El propio monarca, Carlos III determinó la construcción de un poblado fortificado en la isla situada frente a Alicante, que repobló con los excautivos para, entre otras cosas, frenar su uso por los piratas berberiscos que utilizaban el pequeño archipiélago como centro de operaciones de ataque a la costa levantina. Nació así una plaza militar que fue habitada por los genoveses liberados, que en recuerdo de su Tabarqah natal la bautizaron con el nombre de Nueva Tabarca.

Estos genoveses que repoblaron esta isla se tuvieron que dedicar a las faenas del mar. Así lo dice, al menos, un insigne cronista Viravens: "los tabarquinos que procedían de una isla cuya principal industria era el coral, se dedicaron desde luego a ejercer su profesión de pescadores adquiriendo los instrumentos necesarios para ellos". Dedicados, pues, a este noble oficio en el que se distinguieron por su destreza, ganaban el sustento de sus familias pues el mar de la Nueva Tabarca es fértil en alaches, sardinas, bonito, atún, boga, lampuga, salmonete, ostras, caracoles y gambas. Allí establecieron la almadraba en el mar que media entre la isla y La Galera, para hacer la difícil y muy peligrosa pesca del atún....



Antiguamente se encontraba una pequeña población de foca monje (o lobo marino) que fue exterminada por los antiguos pobladores por ser su competencia a la hora de pescar mero, principal pez de interés comercial. Existe todavía al sur de la misma la Cova del Llop Marí (Cueva del Lobo Marino) en referencia a esta especie ya desaparecida del litoral alicantino y mediterráneo en general. Y como no podía ser de otra manera esta isla no está exenta de su leyenda con respecto a este particular Aprovechando la oscuridad de la noche, los habitantes de Tabarca se atreven a penetrar en la gruta y, tirando al mar sus anzuelos, pescan al Llop Marí. La cueva es de aspecto fantástico, y entre las estalactitas que cuelgan de la techumbre se ven concavidades donde se recogen las gaviotas.

A finales del siglo XIX, la gruta recibió la visita de dos enormes lobos marinos. Allí se cobijaron para recibir el nacimiento de su primer hijo. Pero los isleños consideraron aquello una invasión y un peligro, pues iban a destruir las redes y a comerse la pesca.
Esperaron a una noche de luna llena y atraparon a la pareja por sorpresa. El miedo precipitó el parto de la hembra, cuya cria nació muerta. Fue tal su tristeza que también la madre murió. Y el padre, en su soledad más angustiosa, lanzó aullidos de dolor y de rabia que perforaron los tímpanos de los isleños durante 3 días. El tiempo que tardó en morir.


Hay habitantes de Tabarca que afirman que su cadáver está aún en las profundidades. Y las noches de luna llena, desde la gruta, lanza ayes lastimeros que se escuchan desde la misma Santa Pola. Pero luego, en el mar, se forma una procesión de lecholas, calamares, lisas, sepias, salmonetes y langostas, que asisten a un curioso cortejo fúnebre. Y en el fondo de la gruta, se extienden como alfombra, las algas, esponjas, petrosias y axineles. Un funeral en honor a aquel gran lobo marino que murió de soledad añorando a su familia. Y que aprendió a llorar después de muerto.
Roberto Espuig.

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